DOLOR DE COLUMNA

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DOLOR DE COLUMNA

(CERVICAL – DORSAL – LUMBOSACRA)

La hernia discal es una de las causas más comunes de dolor de espalda.

Los discos actuan como amortiguadores cuando se camina o se corre.

Hay un material blando y gelatinoso en el centro llamado núcleo pulposo, que está envuelto en un tejido elástico y fuerte que forma un anillo de fibras de colágeno a su alrededor llamado anillo fibroso.

La hernia discal es una afección en la que el núcleo central empuja o se extruye a través del borde exterior del disco, provocando una protuberancia que comprime los nervios raquídeos.

Los discos pueden debilitarse y dañarse por la edad o por un traumatismo causado por una presión excesiva, como levantar objetos pesados.

Este daño se denomina «hernia», que es una protrusión anormal del núcleo blando hacia el interior o a través del anillo más firme.

Tipos de hernia discal

La hernia discal puede producirse de cuatro maneras:

Protrusión: el disco se debilita y se vuelve más delgado y puede encogerse (normalmente esto ocurre con la edad), pero el núcleo no atraviesa la pared exterior del disco.

Prolapso discal: el disco presenta una protuberancia pronunciada que ejerce presión sobre el canal espinal o un nervio.

Extrusión: el núcleo se rompe a través del anillo pero permanece en una sola pieza.

Secuestro: el núcleo se rompe a través del anillo pero está separado de la parte principal del disco.

Causas

Las lesiones discales suelen afectar a personas mayores y físicamente activas.

En este caso, estas personas pueden estar afectadas por una enfermedad discal crónica y degenerativa.

La causa de una hernia discal suele ser el desgaste gradual y el uso excesivo como resultado de los movimientos repetidos a lo largo del tiempo.

Con el tiempo, la altura del disco disminuye y pueden formarse crecimientos óseos conocidos como osteofitos dentro y alrededor de las vértebras.

En las personas mayores, los discos de la columna vertebral se vuelven más secos y débiles, lo que hace más probable una hernia discal.

Algunas afecciones médicas pueden aumentar el riesgo de hernia discal, como la estenosis espinal y los trastornos del tejido conectivo.

La obesidad, el sedentarismo y el tabaquismo aumentan el riesgo de hernia discal lumbar.

Las lesiones discales cervicales agudas pueden observarse en atletas que compiten en deportes de contacto y que reciben cargas axiales repetitivas (fuerzas de compresión a través de la cabeza y la columna vertebral) o lesiones de tipo hiperflexión como las que se observan en el deporte del fútbol o el running.

En la columna lumbar, las lesiones discales pueden producirse en atletas que cargan repetidamente su columna y combinan el movimiento con una torsión o una flexión lateral. Esto puede verse en el deporte del baloncesto cuando un atleta baja de un rebote y luego tuerce la parte superior del cuerpo para despejar la zona de cualquier defensor cercano.

Factores de riesgo

Existen varios factores de riesgo principales para desarrollar una hernia discal:

Osteoartritis de la columna vertebral o enfermedad degenerativa del disco.

Tener sobrepeso u obesidad.

Levantar objetos pesados de forma inadecuada

Movimientos repetitivos de flexión o torsión, a menudo relacionados con el trabajo y/o práctica deportiva. Fumar, que deshidrata los discos.

Síntomas

Cuando un disco se hernia, suele causar dolor intenso.

Si la hernia discal es pequeña, tipo protrusión discal, puede causar dolor de espalda.

Si la compresión es grave, provocará entumecimiento y hormigueo y puede causar debilidad de los músculos de una región anatómica.

Cuando la protuberancia discal es mayor, puede presionar el canal espinal o un nervio.

Diagnóstico

Una evaluación clínica exhaustiva y cuidadosa puede determinar si existe una hernia discal, buscando específicamente la afectación de la raíz nerviosa, incluyendo dolor irradiado, debilidad, déficit sensorial y pruebas de reflejos anormales.

El examen neurológico se realiza para indicar cualquier lesión neurológica e implica la evaluación de los reflejos y la debilidad muscular mediante diversas pruebas.

Para confirmar el diagnóstico puede solicitar una resonancia magnética, radiografías o un estudio de estimulación nerviosa por electromiograma o neurografía (mide la actividad dentro de músculos específicos para determinar si hay suficiente estimulación nerviosa motora del músculo).

Tratamiento

La mayoría (90%) de las hernias discales pequeñas se curan con cierta reabsorción del material del disco herniado o con el desarrollo de tejido cicatricial.

Esto puede tardar entre dos semanas y hasta 6 meses.

El tratamiento inicial para la mayoría de las hernias discales es un enfoque conservador centrado inicialmente en reducir cualquier espasmo muscular asociado.

Esto puede lograrse mediante: Reposo.

Inmovilización con un collarín cervical (para la hernia de disco intervertebral cervical) durante uno o tres días.

Modificación de la actividad (evitar agacharse, levantar, girar y estar sentado o de pie durante mucho tiempo).

Administración de antiinflamatorios no esteroideos (AINE) y/o relajantes musculares.

A medida que se libera el espasmo muscular, se pueden iniciar estiramientos suaves de la columna vertebral y de los grupos musculares de los isquiotibiales.

Las contracciones musculares isométricas (contracciones sin movimiento) para la columna vertebral también pueden iniciarse al principio de la rehabilitación.

Ozonoterapia

Terapia Neural

Infiltración con Plasma rico en plaquetas

Cirugía

Se considera la posibilidad de intervenir cuando tienes un dolor intenso y persistente en la espalda o las piernas, debilidad o entumecimiento de las piernas o los pies, dificultad para caminar o estar de pie, o síntomas vesicales o intestinales, o existe riesgo de lesión neurológica permanente de la raíz nerviosa.

La Sacroileítis es la inflamación aguda de las articulaciones sacroiliacas, puede ser unilateral o bilateral. Frecuentemente se asocia a procesos reumáticos.

La articulación sacroiliaca conecta la columna vertebral y la pelvis entre el hueso sacro y el hueso ilíaco. Es una articulación rígida con muy poca movilidad.

La sacroileítis bilateral es una inflamación simultánea de ambas articulaciones sacroilíacas. Estas articulaciones están ubicadas en la parte inferior de la espalda, donde el sacro (el hueso triangular en la base de la columna vertebral) se une con los huesos ilíacos de la pelvis.

La artrosis de la articulación SI es un desgaste degenerativo del cartílago y de la superficie articular. El resultado puede ser un dolor que puede provocar restricciones de movimiento en la zona de la espalda y la cadera. 

La artrosis de la articulación puede ser la causa del dolor en las nalgas, en el lado de la cadera y en la parte baja de la espalda. Los afectados pueden sentir este dolor al salir del coche, al estar de pie durante mucho tiempo o al caminar lentamente.

La enfermedad es degenerativa.

Eso significa que el daño es permanente y el desgaste no puede repararse.

Sin embargo, se puede influir positivamente en su progresión con el tratamiento adecuado.

Causas

La causa más común de la artrosis de la articulación sacroilíaca es una tensión mecánica inadecuada de las articulaciones sacroilíacas.

Suele estar provocada por un entrenamiento incorrecto o unilateral o por tener piernas con longitudes diferentes que pueden cambiar la posición de la pelvis.

Como resultado, el cartílago de la articulación comienza a desgastarse. A su vez, los huesos implicados pueden cambiar de forma y provocar una desalineación de la pelvis.

La artrosis de la articulación SI puede producirse en el lado izquierdo, derecho o en ambos.

Síntomas

Los afectados suelen padecer problemas de cadera, dolor intenso en la zona lumbar y movilidad limitada.

El dolor se produce repentinamente durante el movimiento y puede irradiarse a las piernas.

Para muchos pacientes, los síntomas son peores por la mañana y se reducen a lo largo del día.

Cuando la enfermedad progresa, incluso los pequeños movimientos de flexión y torsión de la parte superior del cuerpo provocan dolor.

Las personas afectadas suelen adoptar entonces una postura que les ayude a aliviar el dolor.

Si la artrosis de la articulación sacroilíaca se vuelve crónica, el dolor será permanente y además empeorará cuando se someta a esfuerzos.

Dolor de cadera.

Dolor en la zona lumbar.

Restricción de los movimientos.

El sobrepeso ejerce una presión excesiva sobre la articulación SI. Por lo tanto, la pérdida de peso es una parte importante del tratamiento para muchos afectados.

Diagnóstico

Historial médico y a continuación realizará un examen o evaluación física.

Mediante pruebas de provocación, el médico puede ejercer una tensión en la articulación SI y, por tanto, desencadenar el dolor típicamente asociado a la artrosis de la articulación SI.

Esto permite detectar la localización del problema.

Las técnicas de imagen, como la resonancia magnética y el TAC, pueden ayudar en el diagnóstico y dar una indicación temprana de si la causa es un proceso inflamatorio o una artrosis de la articulación SI.

Las radiografías se utilizan para detectar desajustes y desgaste de la superficie articular.

Cuando la afección ha progresado, las radiografías pueden proporcionar información clara y mostrar cambios en las estructuras articulares.

Las imágenes muestran una reducción del espacio articular, así como el desgaste de las zonas articulares cartilaginosas.

Tratamientos

El primer objetivo del tratamiento es la reducción de los síntomas agudos, especialmente del dolor en las nalgas y las piernas.

La mayoría de los pacientes con artrosis de la articulación sacroilíaca se estabilizan con cuidados conservadores durante 6-8 semanas.

Empleo de analgésicos y medicamentos antiinflamatorios o relajantes musculares para aliviar el dolor.

Fisioterapia: programas de ejercicios para ayudar a aliviar la presión sobre los nervios que causan tu dolor. El ejercicio afloja los músculos tensos, mejora la circulación y la movilidad de la articulación.

Los tratamientos térmicos pueden aliviar los dolores: compresas frías, calientes o ambas, aplicadas en la espalda ayudarán a aliviar gran parte de las molestias y aliviar la rigidez, así como el dolor.

Cuando estos tratamientos no consiguen los objetivos esperados, las inyecciones de antiinflamatorios, la radiofrecuencia sacroilíaca, las inyecciones intra articulares de plasma rico en plaquetas pueden contemplarse como pasos previos que pueden evitar o retrasar la cirugía.

Infiltraciones de corticoides

Reducen la hinchazón y la inflamación del nervio, y permiten que tu cuerpo se recupere y vuelva a la actividad más rápidamente.

Tratamiento con infiltración sacroiliaca de Plasma Rico en Plaquetas

Las infiltraciones de PRP, junto con las infiltraciones de células madres mesenquimales, se utilizan en traumatología para estimular la respuesta curativa natural que consiga la recuperación de la movilidad, fuerza y la normalidad de tejido lesionado.

Proloterapia

La proloterapia es una técnica que implica la inyección de un irritante (solución de dextrosa hiperosmolar), en el tratamiento de afecciones musculo esqueléticas dolorosas crónicas.

La indicación publicada con mayor frecuencia es en el tratamiento del dolor lumbar crónico, pero hay estudios recientes que examinaron su uso en el tratamiento de tendinopatías refractarias, así como la osteoartritis.

La proloterapia puede ser útil para tratar el dolor lumbar crónico cuando se combina con terapias complementarias, como la manipulación espinal o las inyecciones de plasma rico en plaquetas.

Tratamiento con radiofrecuencia

La rizólisis por radiofrecuencia proporciona un alivio más duradero a quienes sufren de dolor debido a la artrosis sacroilíaca en comparación con las inyecciones de cortisona y evita que los pacientes lleguen a realizarse tratamientos agresivos como la fusión quirúrgica de dichas articulaciones.

Cirugía

Si tienes un dolor intenso en las nalgas de forma permanente y las medidas conservadoras no reducen tus síntomas, la cirugía será el último recurso. Durante la intervención quirúrgica, se puede llevar a cabo un procedimiento conocido como artrodesis.

Las articulaciones facetarias son articulaciones sinoviales planas situadas en la parte posterior de la columna vertebral, que conectan las vértebras entre sí.

Hay dos articulaciones entre cada par de vértebras situadas a ambos lados de la columna vertebral. Las articulaciones facetarias proporcionan estabilidad a la columna vertebral.

Normalmente, las articulaciones facetarias están recubiertas por un cartílago y líquido sinovial.

La artropatía facetaria es una condición dolorosa y artrítica de las articulaciones facetarias.

Los nervios espinales salen de la médula espinal entre la vértebra y las articulaciones facetarias.

En la parte delantera, la vértebra descansa sobre un disco esponjoso contenido, mientras que en la parte trasera, cada una de las dos articulaciones facetarias descansa sobre la articulación facetaria situada debajo.

En una columna vertebral sana, el disco vertebral y las articulaciones facetarias se apoyan mutuamente para un movimiento sano y seguro.

La artrosis facetaria, también conocida como síndrome de la articulación facetaria está relacionada con el proceso de envejecimiento.

La pérdida de cartílago y líquido sinovial en estas articulaciones provoca fricción debido al contacto entre los huesos. Esto da lugar a la aparición de osteofitos o espolones óseos en las articulaciones facetarias que se forman a lo largo de los bordes de los huesos.

Causas

Entre las posibles causas del dolor lumbar debido a la artrosis facetaria se encuentran:

Lesión de los ligamentos que unen los músculos a los discos vertebrales.

La compresión o el pellizco de las raíces de la médula espinal.

La cubierta dura y protectora de la médula espinal conocida como duramadre.

Los trastornos musculares de la parte inferior de la columna y las articulaciones facetarias.

Otras causas:

La artropatía facetaria puede verse afectada por la artritis generalizada de otras articulaciones que se observa en la espondilitis anquilosante, la artritis psoriásica y la artritis reumatoide.

Traumatismos como pequeñas fracturas no diagnosticadas, desgarros discales, rotura de cartílago o hemorragias en la zona pueden ser algunos hallazgos asociados.

La artritis reumatoide se asocia a daños en las facetas, especialmente en las zonas lumbar media y baja.

Síntomas

Los síntomas más comunes de la artrosis facetaria incluyen dolor e hinchazón alrededor de la articulación.

Cuando está afectada una articulación cervical, provoca dolor que suele sentirse en el cuello irradiando hacia el hombro. Si la articulación está en la espalda, el dolor se siente en la zona lumbar que se irradia a las nalgas y a la zona superior del muslo.

Desarrollo de otras afecciones, como espolones óseos y estenosis espinal.

Las características del dolor que artropatía facetaria provoca incluyen:

Dolor que empeora después de dormir o descansar.

Dolor en la parte baja de la espalda que empeora al girar, inclinarse hacia atrás y estar de pie.

Dolor centrado en una zona específica de la columna vertebral.

Dolor sordo en uno o ambos lados de la zona lumbar.

A diferencia del dolor causado por la ciática o la hernia discal, el dolor de la artropatía facetaria no suele extenderse por las piernas, pero sí alcanzar la zona de los glúteos y caderas.

Diagnostico

No existe ninguna prueba específica de rayos X o de imagen, como el TAC o la resonancia magnética, que permita diagnosticar la artropatía facetaria, ya que muchos de los mismos hallazgos se encuentran en pacientes asintomáticos.

La prueba más concluyente para el diagnóstico de la artrosis vertebral de la articulación facetaria es la inyección ecoguiada de material de contraste, agentes anestésicos y corticoides en la articulación.

Si el dolor mejora en un 80% tras la inyección, el alivio del dolor tras la inyección confirma el diagnóstico de artrosis de la articulación facetaria.

Tratamiento

El tratamiento conservador de la artrosis facetaria se inicia con la aplicación de medicamentos antiinflamatorios no esteroideos AINE y analgésicos para reducir el dolor.

Ejercicios de fisioterapia, ejercicios de fortalecimiento y evitar los movimientos que agravan los síntomas son otras de las medidas iniciales para el tratamiento de la artrosis facetaria.

La mayoría de los pacientes con artrosis de la articulación sacroilíaca se estabilizan con cuidados conservadores durante 6-8 semanas.

Infiltraciones intraarticulares de corticosteroides

Las inyecciones intraarticulares de corticoides y los bloqueos de rama medial de esteroides/medicamentos adormecedores bajo guía radiográfica, así como la ablación por técnica de radiofrecuencia (RF) para bloquear la sensación de dolor son dos terapias estándar.

Tratamiento PRP artrosis facetaria Plasma Rico en Plaquetas

Las infiltraciones de PRP, junto con las infiltraciones de células madres mesenquimales, se utilizan en traumatología para estimular la respuesta curativa natural que consiga la recuperación de la movilidad, fuerza y la normalidad de tejido lesionado.

Aplicación eficaz en pacientes con dolor de las articulaciones facetarias, con beneficios que duran muchos años.

Proloterapia

La proloterapia es una técnica que implica la inyección de un irritante (solución de dextrosa hiperosmolar), en el tratamiento de afecciones musculo esqueléticas dolorosas crónicas.

La indicación publicada con mayor frecuencia es en el tratamiento del dolor lumbar crónico, pero hay estudios recientes que examinaron su uso en el tratamiento de tendinopatías refractarias, así como la osteoartritis.

La proloterapia puede ser útil para tratar el dolor lumbar crónico cuando se combina con terapias complementarias, como la manipulación espinal o las inyecciones de plasma rico en plaquetas.

Tratamiento con radiofrecuencia (Bloqueo facetario)

El bloqueo facetario lumbar mediante la rizólisis por radiofrecuencia, proporciona un alivio más duradero a quienes sufren de dolor debido a la artrosis facetaria, en comparación con las inyecciones de cortisona.

Evita que los pacientes lleguen a realizarse tratamientos agresivos como la fusión quirúrgica de dichas articulaciones.

Tratamiento de artrosis facetaria con células madre

La regeneración de células madre es un tratamiento no invasivo experimental para las articulaciones facetarias dañadas y dolorosas.

Las células responden a las señales inflamatorias de la articulación artrósica y comienzan a trabajar para reparar y regenerar la articulación.

Esto puede ser asistido con la terapia de ondas de choque y otras terapias de apoyo.

Cirugía

La cirugía de «reemplazo total de las facetas lumbares» preserva el movimiento.

Las articulaciones facetarias se eliminan y se sustituyen por articulaciones artificiales. 

Esto restablece la altura y el movimiento saludables de la parte dañada de la columna lumbar.

En el caso de la artropatía facetaria de leve a moderada que se presenta con un disco vertebral degenerativo al mismo nivel, la sustitución del disco artificial también es una opción.

Cirugía de fusión espinal

Si el paciente no es candidato a una solución de preservación del movimiento, se puede ofrecer una fusión espinal como «última línea de defensa».

En la mayoría de las formas de fusión vertebral espinal, el cirujano retira las articulaciones facetarias entre los niveles de la columna vertebral que se van a fusionar, lo que elimina eficazmente las articulaciones facetarias como fuente de futuros síntomas.

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